Es la mejor
perspectiva para el aprendizaje, si tenemos admiración por la persona que se
presta a enseñarnos de su experiencia y conocimiento, nuestra formación se
enriquece.

Tan
importante es la admiración que puede llevarnos a conseguir muchas victorias en
batallas perdidas así como conseguir levantarte de circunstancias imposibles.
Cuando una persona que admiras te muestra el camino, la claridad del mismo es
diferente. Cuando tomas la decisión de enfrentar una situación basando tus
expectativas en el acompañamiento de una persona admirada, tus perspectivas son
totalmente positivas y esperanzadoras.
¿Cuánto nos
cuesta reconocer la admiración por el otro? Aquí es donde encontramos esa
guerra interna e inútil con nuestro ego que nos impide declarar abiertamente
una admiración merecida seguramente por la otra persona, pero nuestro ego nos
impide dar ese paso señorial que lejos de mostrar debilidad lo que muestra es
la honradez de un corazón agradecido por la enseñanza de una persona a la cual
admiras por sus hechos y no por su nombre y apellidos.
De ley es
casi, que sintamos admiración por nuestras figuras paternas y maternas,
nuestros vínculos familiares son tan fuertes que generalmente nuestra base de
admiración siempre encamina a nuestros antecesores. La verdad es que hay que
reconocer que es digno, ¡mucho! Pero también lo es admirar a otros seres
humanos, a otras personas que con su ejemplo o su lucha has sido capaces de
mostrar un camino diferente para otros muchos que ni si quiera se planteaban
trazarlo, es de recibo ser elocuente con un hecho que no te deja indiferente y
que por el contrario te genera un plus de vida en un momento de desigualdad en
el cual puedes optar por tirar tu vida o agarrarte a ella con más fuerza, todo
dependiendo de la admiración que sientas por los demás.
“Desde la admiración nace el aprendizaje más efectivo”
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