martes, 29 de marzo de 2016

Carta al Silencio



            Querido Silencio,


Te escribo estas letras para transmitirte una serie de sentimientos que tanto tiempo llevo conmigo y nunca te he expresado, quería darte las gracias por la cantidad de veces que has aparecido en mi vida, unas cuando más lo deseaba y otras cuando más lo necesitaba, quiero agradecerte que hayas sabido pronunciarte con tanta certeza en momentos tan delicados de mi vida.



Recuerdo una vez, cuando un jefe se aprovechaba de su condición y se jactaba de mi persona en privado y en público, ¡que mal lo llevaba!¡tenía ganas de matarlo! Pero allí estabas tú, te ponías delante de mi boca y gritabas hacia dentro para que nada se oyera, en aquellos momentos te mal dije, ¡lo siento! Después de todo y ahora que ha pasado mucho tiempo me di cuenta que tu presencia era buena para mi aprendizaje, de aquella historia aprendí a como no tratar a ninguna persona ni dentro ni fuera de mi trabajo, ni por encima ni por debajo, entendí que cada uno en su responsabilidad somos personas igualmente y como tal he de tratar siempre.



En otra ocasión, apareciste en un momento de mi vida personal en la que la circunstancia se antojaba complicada y el resultado de la misma parecía tener el final asegurado, la verdad es que dicho final no era muy bueno que digamos, pero en esa situación volviste a estar presente acallando mi orgullo y mi ego juvenil para evitar una hecatombe, quizá con personas que nada tenían que perder y por ello mismo me tentaban de forma clara y descarada, ¡gracias! De aquella ocasión aprendí a filtrar con quién debía irme y a quién debía evitar, solo así podía crecer y mejorar, era más listo evitar que enfrentar y por ello te estoy agradecido.



A nivel profesional, me diste una lección que nunca se me olvidará, tu fuerza me hizo ganar dinero, “la fuerza del silencio” es una de las bases en la venta y gracias a haber aprendido a callar pude conseguir mis objetivos de desarrollo personal, tanto así de bien me fue que hoy por hoy sigo predicando con esa técnica y la sigo enseñando cuando me dan la oportunidad de seguir formando a diferentes profesionales en sus sectores. Por toda tu enseñanza en estos casos te doy las gracias de corazón.





Para terminar, decirte querido silencio que después de luchar contra todo por conseguir lo mismo que la sociedad te invita a cada instante a conseguir, lo que más me alegra saber es que he apreciado el silencio como forma de vida, y lo he cambiado por muchas palabras que sin ser entendidas muchas veces casi siempre terminan mal interpretadas.



Y con esto me despido amigo mío, espero que no me abandones y que sigas apareciendo en mi vida como uno de mis profesores a los que tanto caso hago cuando intervienen y mejoran mi estado de felicidad.



Recibe un cordial saludo,

                                                                                              Alberto Barranco